
Por tratar de una relación entre un hombre adulto y una adolescente, MILLER´S GIRL podría considerarse como una historia de amor prohibido, aunque no como ROMEO Y JULIETA, más como LOLITA, con sus dos adaptaciones, la de 1962 y la de 1997. Pero si se desplaza la atención a otro punto de interés, MILLER´S GIRL recuerda al protagonista del INDOMABLE WILL HUNTING, también del 97. En este filme, un joven genial encuentra el camino a su vida tras aprender de un maestro que lo guía, claro está, en una relación para nada carnal. Por el contrario, en MILLER´S GIRL, la chica busca el camino a la inspiración en una tórrida relación con su profesor de literatura. Algo como lo que sucede en BASIC INSTINCS, BAJOS INSTINTOS o INSTINTOS BÁSICOS, del 92. LA CHICA DE MILLER no copia, dialoga con sus referentes cinematográficos y en ese intercambio, muestra una Jenna Ortega, que a sus 20 años se presenta capaz de abordar roles complejos y tan turbios, como una “mujer fatal” de alguna película de cine negro. Claro, pero para verla solo en la pantalla, porque si se encuentra usted alguien como ella por la calle, ponga tierra de por medio, que cualquier kilómetro es poco para el peligro que representa.

La sombra de la pederastia o del abuso gravita sobre MILLER´S GIRL. El actor coprotagonista, Martin Freeman, hace por lo general de bueno en sus películas. Jenna Ortega, por su parte, lleva encima unas cuantas cintas de terror. En esta, en LA CHICA DE MILLER, ambos personajes se dejan llevar por la tentación, pero es ella quien trama las mayores bajezas. El personaje de Jenna es quien lidera la historia, quien pone la red y atrapa al insecto. Por momentos juega a ser víctima, pero fácilmente pasa a ser victimario. El personaje da a la actriz la oportunidad de ofrecer a sus seguidores, todo tipo de registros que justifican la buena fama que se ha ido labrando y que requerirá de más proyectos como este, para cimentar su carrera de actriz versátil y talentosa.


