
El guion de UN LUGAR EN SILENCIO: DÍA UNO cuenta con una protagonista decidida a comer un último pedazo de pizza, obviando que debería alejarse de los monstruos que la quieren devorar. Es una historia que se cuenta con pocos personajes, “ella” y “él” y el gato y claro, también los extras. Lo que engrandece estos factores es que la motivación de la protagonista es tan fuerte y tan elemental, que viola el mismo instinto de supervivencia o mejor… lo redefine. La pizza representa sus más profundos recuerdos, de tal forma que la película consigue afirmar que de nada sirve sobrevivir si no se rinde tributo a la memoria y a los afectos vinculados a ella. El encanto del guion, entonces, radica en que la clave de la historia es un objeto banal, pero cargado de significado.

En UN LUGAR EN SILENCIO: DÍA UNO el gato representa la fuerza del destino que permite al personaje cumplir su objetivo, estableciendo entre las escenas y el resto de personajes un nexo casi mágico. Para conectar con este elemento, el del gato, el público debe estar dispuesto a pensar que en los felinos hay una inteligente comprensión de la vida que los lleva a tomar decisiones acertadas y mejores que las humanas. De tal forma que en medio de la desolación del cataclismo mostrado por la película, la esperanza, representada por la inteligencia gatuna, será el camino a la salvación.
Todo esto, lo de los recuerdos, los afectos y los gatos se sabe por medio del viaje en busca de la pizza. Es decir que UN LUGAR EN SILENCIO: DÍA UNO es también una película de aventuras, en la que el “Santo Grial” es esa pizza y que, gracias a ella, la verdad que hace humano al personaje es revelada. Así, el filme adquiere una connotación de relato grande, evitando el abismo que lo convertiría en una simple película de persecuciones, para ser en una obra capaz de tocar a espectadores exigentes que no tienen problema en combinar el puro entretenimiento con los relatos profundos y conmovedores.


