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LAS REDES PARA CONTAR LO NUESTRO – EPiSODiO 4

Si estás aquí es porque eres diferente y consideras que tu manera de vivir es acertada y en consecuencia debes contarla al mundo. Quizás ya te hayas aventurado a producir algún video y, aunque algunas personas te dijeron que les gustaba, son los trabajos de otros creadores los que se llevan el favor del público. Es posible que por tu cabeza haya pasado hacer videos en los que harías algún baile divertido o en los que reinterpretarías algún audio popular y cómico, pero tal vez ese tipo de propuestas no tienen el estilo con el que te gustaría que te recordaran. Y es entonces cuando surge la pregunta de: ¿Cómo hacer para que tus propuestas cautiven de tal forma que el público te entienda, se beneficie de tus hallazgos y no deje de verlas? Quizás la respuesta iniciaría diciendo que las claves para entender cómo hacerlo tienen que ver con factores que rayan lo mágico y con la esencia misma de lo que se supone que es un ser humano y esa condición de humanidad supone estar plagado de preguntas sin resolver. ¿Qué tendría que ver tu relato con esta condición?

El pánico al vacío y el poder del mito

La primera clave para entender que tiene que ver tu relato con las preguntas sin resolver, es saber que hacer videos para redes tiene menos relación con lo audiovisual que con el oficio de armar una historia y, sobre todo, tiene que ver con lo que estas generan en quien las ve. Presta atención: el ser humano padece de pánico al vacío y no soporta la incertidumbre que le genera ignorar las razones que explicarían lo que sucede en su vida y con su entorno. Más que claridades, vivir suscita dudas porque vivir es una constante comprobación de lo mucho que ignoramos. Ante esta situación, el público reclama explicaciones coherentes antes que comprobaciones científicas y, cuando estas no llegan, un buen relato resuelve todos los vacíos.

Por ejemplo, es mejor pensar que el relámpago cae del cielo porque el Dios Zeus lo lanza cuando está enfadado, que esperar a tener el nivel académico suficiente para entender el origen del rayo según la física y la climatología. La incertidumbre reclama respuestas, tal como la sed genera el ansia, que se calma cuando llega el agua.

Aquí está un ejemplo sobre cómo un relato resuelve preguntas que no tienen respuesta sencilla. Partamos del auge de las películas sobre superhéroes de inicios del siglo XXI, justificada por un afán de dar sentido a la incertidumbre generada por el fin del milenio; es decir, se busca respuesta a la pregunta sobre “qué va a pasar ahora cuando mil años ya han terminado”. Es un malestar que tiene que ver con una cuestión temporal que está vinculada a un relato religioso consignado en la Biblia y titulado El Apocalipsis. Si bien el texto sagrado describe un «milenio» simbólico, la mente de Occidente tradujo esa cifra en una cuenta regresiva matemática. Por eso, cada vez que el calendario se acerca al cumplimiento de un milenio, la incertidumbre colectiva se reactiva. Es ahí donde entran las películas de los Vengadores, que se estrenan durante las dos primeras décadas del siglo XXI. En ellas los héroes deben enfrentar el fin del universo tratando de evitar que suceda, es decir que las películas hacen virtualmente cierto el fin del mundo, dando así la respuesta a la pregunta de “qué pasará al terminar los mil años”.

El cerebro y la representación vivencial

Lo segundo a tener en cuenta es que las narraciones conectan con el público porque estas resuelven las preguntas que a otras disciplinas les cuesta resolver o explicar. Mira, los relatos bien construidos le permiten al cerebro cumplir con un ejercicio de representación gracias al cual el individuo vive lo que le cuentan como si fuera cierto. Es decir que la construcción que hacen las películas del Apocalipsis le confirma al público que sí, que efectivamente el fin del mundo está sucediendo, dando una respuesta concreta que elimina toda incertidumbre.

Las películas de la saga, en específico Avengers: Infinity War y Avengers: Endgame, que son las dos finales luego de 20 estrenos anteriores, se convierten en los textos de referencia para que las expectativas de los espectadores sobre el Apocalipsis sean respondidas. Te explico, los dos filmes usan elementos similares a los citados en la Biblia, como por ejemplo un juicio final y también un anticristo. De tal forma que al salir de la sala de cine el espectador ha podido recrear el mito del fin del mundo occidental de forma vivencial, pero sin arriesgar su vida, es decir que sale de la sala de cine sin ninguna lesión: es magia pura. Así, las dos películas tuvieron un arrollador éxito de taquilla porque dieron respuesta a las inquietudes de buena parte del planeta y lo hicieron con una historia arraigada en la tradición narrativa y religiosa de Occidente.

Tu vida es la enciclopedia del otro

La tercera consideración para crear contenido para redes que cautive a los internautas es saber es que son tan capaces de resolver interrogantes fundamentales las historias épicas, como las que se centran en la intimidad del individuo. ¿Qué puede ser más interesante que contar cómo te enamoraste de la persona equivocada y, sin embargo, no dejaste de amarla aunque todos se opusieran a ello? ¿Qué puede ser más llamativo que contar la historia sobre tu sueño imposible, en la que venciste todos los obstáculos e hiciste tu sueño realidad? ¿Qué puede ser más interesante que contar cómo te inventaste tu propio trabajo cuando todo indicaba que no tenías ninguna opción de sobrevivir?

Si te fijas bien, tú eres la respuesta a las preguntas de cada minuto de la mayoría que no encuentra qué camino seguir ante las encrucijadas de la vida. Por eso debes identificar los momentos en los que tu propia vida ha alcanzado su máxima intensidad y contarlos a los demás.

De la trinchera nuclear al mercado

El cuarto factor a tener en cuenta para comprender por qué tus relatos conectan con el pánico humano al vacío, es que si tú no cuentas tu historia, el mundo no avanza. Si te planteas hacer contenido para redes es porque consideras que tus esfuerzos han sido para mantener una forma de ser correcta o por lo menos valiosa, que incluso vale la pena de ser considerada; en algún caso quizás, que podría llevarte a ser feliz y que demuestra que, siendo como tú, resiliente, algún sueño puede hacerse realidad. Crear un video que cuenta un momento importante de tu vida es como si editaras un tomo que pertenece a una gran enciclopedia sobre cómo vivir. La maravilla es que hasta hace algunos años tal cosa no era viable. Sí, existían los libros desde hace siglos, el cine y la televisión y también la radio, pero llevar tus contenidos a estas ventanas era costoso. Solo hoy, gracias al Internet, tienes la posibilidad de compartir tu experiencia con el mundo.

¿De qué hablamos cuando decimos Internet? Hacemos referencia a una herramienta que permite recibir y también dar, ser espectador y también protagonista. Se trata de un instrumento surgido durante la Guerra Fría para que los Estados Unidos ocultaran su información de la Unión Soviética. La idea era dividir esa información en varios computadores para hacerla llegar después a un lugar en el que pudieran guardarla, evitando así que se perdiera en caso de un ataque nuclear. Esa herramienta creada para uso militar, llega luego a manos de las universidades y se convierte en una forma ideal para compartir datos entre académicos.

En este punto, a esa red de computadores se le llamó Web 1.0 y, cuando se accedía a ella, se hacía de forma similar a como se hace con una biblioteca, en la que tú solo consumes la información. Pero aquí viene la evolución: el altruismo académico se convierte en negocio cuando se hace evidente que el rastro dejado por los usuarios es fuente de información que permite estructurar el mercado y la oferta que este mercado puede hacer a los consumidores. De tal forma que entre más tiempo permanezca el internauta ante una pantalla, más huellas deja y más posibilidades de negocio propicia. Entonces se concluye que es rentable permitir que quien reciba contenidos también los cree y los sume a la red. Es ahí cuando la tecnología pasa a un nuevo nivel, el de la Web 2.0, que es el Internet de hoy, en el que tú puedes ser público de unos y productor de contenidos para otros.

Ahora ya lo sabes todo. Vas a crear contenido cautivador usando tu experiencia vital para dar respuesta a las preguntas importantes de la sociedad y lo harás dando testimonio sobre tu propia vida. Entras así en un círculo virtuoso en el que unos te responden a ti y tú eres la respuesta de otros.