EPISODIO 3: ¿Cómo hacer que tu historia conecte con el público?

El extranjero perpetuo

Si estás aquí es porque eres diferente, porque no solo vives a tu manera, sino que ves el mundo de forma particular. Estás aquí porque te sientes solo, porque te das cuenta de que el mundo no comprende tus razones, porque eres tan único que no encajas en el molde. Estás aquí porque necesitas contagiar a otros para que hablen tu mismo idioma y no seas más el extranjero perpetuo al que todos saludan porque lo han visto desde siempre, aunque pocos sepan lo que se oculta dentro de él. Lo que nadie sabe —y quizás tú tampoco— es que son ellos los que necesitan de ti. Al final del día, todos llegan a casa y tampoco han encajado; incluso sienten que, aunque los miraron, nadie los vio. Han pasado por la vida sin ser vistos, sin existir. La diferencia es que tú tienes una necesidad que te hace distinto: la urgencia de contar tu cuento. Y esa necesidad tuya tan personal será la solución que muchos reclaman como el agua para sobrevivir: necesitan conectar para vivir. Ahora te miras desde arriba, como testigo de tu propia película, y sabes que tú la protagonizas. La conciencia de ti mismo te hace diferente; por eso estás aquí, y aquí te quedarás.

Primer factor: El geolocalizador existencial

Lo primero es saber que tu historia conecta si ella le da sentido a la vida de la gente. Y “dar sentido”, “tener sentido”, es saber para dónde van las cosas; es decir, saber “de dónde vengo y para dónde voy”, y eso es lo que ofrecen los buenos cuentos. Sé que suena muy trascendental, y lo es, pero eso no significa que por ser trascendental sea aburridor. El que tu historia tenga consecuencias profundas en tu auditorio no implica que sea un ladrillo que espante la atención o que aburra y haga dormir. Un buen relato tiene la facultad de vestirse de lo que quieras. Puedes contar lo mismo usando, por ejemplo, el género de la comedia, el del terror o hacerlo con el género policíaco, y seguir contando un buen cuento. Lo importante es que complete las partes del mapa de la vida que se ven borrosas en el geolocalizador existencial de los individuos que se acercan a tu narración. Asume tu rol: eres el cartógrafo del alma de la sociedad.

Segundo factor: La verdad poética

Lo segundo que debes entender para que tu historia conecte con el público es que hay textos que no requieren ser verdades comprobadas, pero sí necesitan coherencia factual; así serán verosímiles. Si asumes tu rol de narrador, deberás aceptar que la materia con la que edificas las estructuras de tus cuentos es la verdad poética. Esa que no requiere de pruebas científicas para ser cierta, pero que el público la siente cierta con solo verla o escucharla. Es como si entendieras que hablas para lo profundo del ser, ese que comprueba lo que es cierto con el corazón y que desde ahí transforma al individuo. No entres en pánico: tu relato puede ser verídico desde la verdad verdadera y desde lo poético también y, si es así, pues mejor será, porque buscas que te crean con el alma. Y si no es así, mejor que no te crean de ninguna forma.

Tercer factor: La anatomía del conflicto

Lo tercero que debes entender es que, si no sabes escoger momentos, a nadie le gustará tu cuento. Te explico: de tu biografía vas a encontrar “el capítulo” en el que todo estuvo a punto de fracasar. ¿Andamos buscando respuestas de por qué así y no de otra forma? Porque lo que le interesa al auditorio es ver cómo vences los obstáculos que se te han presentado. Luego debes tener “un quién” bien definido, lo que se conoce como un protagonista, que en este caso eres tú. Después hay que saber qué quieres conseguir y haciendo qué lo vas a lograr; es decir, qué acción vas a desarrollar para alcanzar tu objetivo. A continuación, deberás saber quién o qué se opone a tu causa, qué obstáculos se te presentan y cómo haces para vencerlos. Por último, deberás contar el final; deberás decir si vences o si no consigues hacer realidad tu sueño, aunque también puedes dejar el final abierto para completar el cuento en otro episodio. Grábate en la cabeza que, para capturar y retener la atención de los internautas, debes mostrar un conflicto fuerte, gracias al cual al público se le haga agua la boca de las ganas de ver tu relato.

Cuarto factor: El espejo fisionómico

El cuarto factor que determina si la gente se queda viendo la historia que le cuentas es que no puedan evitar mirarte. Presta atención: para que siempre te miren vas a narrar tu historia como si se tratara de una confesión hecha a tu mejor amigo, a la persona a quien más confianza le tienes, y lo harás cara a cara, de forma cercana, en un plano medio corto. Tranquilo, ese es un encuadre en el que se te ve desde el pecho hasta incluir la cabeza. Con tus ojos mirarás a quien está detrás de la cámara —que es lo mismo que mirar a cámara—, aunque parecerá que miras a quien está al otro lado de la pantalla; así tendrás un contacto cercano con quien presencia tu relato. Para el espectador será como verse ante un espejo, porque reconocerá de ti la fisionomía que te hace humano, persona, un interlocutor real: con ojos, con boca, con una cara similar a la suya.

Quinto factor: El verbo rige el mundo

El quinto elemento que hará conectar tu historia con el público es el verbo, porque el verbo rige el mundo. La voz que salga de tu boca será el poder que hará que no dejen de mirar el video en el que cuentas el momento climático de tu vida. A esa voz que carga con la responsabilidad de la narración deberás soportarla con los pilares que ya conocemos. Primero, hay que saber escoger el capítulo de tu vida sobre el que se construye el relato. Luego, deberás darle al cuento un personaje fuerte, que esté motivado, que defienda su acción y que esté dispuesto a vencer todos los obstáculos para alcanzar su objetivo. Cuando tengas esto claro, deberás escribirlo.

Cuando la historia esté en el papel, será el momento de transformarte en actor. Ahí deberás estudiar el texto para que puedas decirlo, ya sea con las mismas palabras o con otras, pero conservando el espíritu del relato. Contar la historia con tu voz debe salirte natural. No debes parecer que te estás esforzando por recordar la palabra exacta; piensa que la que te llega a la boca es la adecuada. La prueba de ello es que, si te acordaste de esa y no de las otras, es porque esa era la más importante, porque ha dejado huella en tu memoria.

El cálculo de la espontaneidad

Sí, el manejo de tu voz es la quinta clave para conectar con los internautas, y decir “manejo” es lo mismo que decir actuar. Se trata de controlar el texto para que puedas dedicar tu energía a interpretar, a dotar de sentimiento cada palabra, de tal forma que puedas tocar el corazón de quien asiste a la reproducción de tu video. Pero atento: aunque parezca un hecho natural —es decir, alguien contándole a otro una historia—, no lo es. Si te fijas, para llegar a este punto has debido preparar cada detalle meticulosa y calculadamente. De todas formas, debe parecer natural, y para hacerlo deberás decir el texto de forma espontánea; por eso, usar las palabras que te vengan a la voz será la clave para conseguirlo. Solo la práctica te dará la fluidez interpretativa que necesitas, y la constancia para practicar estará motivada por la importancia que le concedas a contagiar al mundo de tu forma de vivir, de sobrevivir. Tus historias serán el reflejo de la pasión que te mueva para contarlas.