EPISODE 1: Why is it important to tell your story?

La pizca de pimienta.

Lo primero, aclaremos algo: si estás aquí es porque eres diferente, porque no vives la vida como los demás y porque, a pesar de la dificultad, has logrado mantenerte firme y de acuerdo a tus principios, aunque todo haya intentado cambiarte para que seas como los demás. Por eso, debes contar tu historia: para que el resto de las personas sepan que se puede ser diferente; que es posible vivir dentro del molde, aunque seas el grano o la pizca de pimienta dentro del postre dulce que todos dicen querer comer. Porque si no cuentas tu cuento, el mundo seguirá pensando que la libertad de ser particular debe quedar relegada al más privado de los pensamientos, en un lugar del alma en el que ni las palabras alcanzan a iluminar. De tal forma, vamos a entender cómo contar tu cuento al mundo para que quienes se te parecen estén menos solos y puedan ver en tu luz el camino que deben recorrer para vivir sin olvidar quiénes son en realidad.

La trampa de la tipificación.

La segunda razón de peso para contar tu historia es que, si no lo haces, dejarás de existir. A los grandes poderes —como los estados, las corporaciones o los grupos con ideologías definidas— les interesa construir personajes con tipologías predecibles en las que tú encajes de una manera o de otra. Cuando lo haces, estás listo para llenar sus necesidades de mercado o de comportamiento. Quienes no encajan o no coinciden con los modelos, o quedan relegados o fingen que se adaptan; no generan conflictos, pero tampoco contribuyen a resolver los problemas crónicos de la sociedad. Por ello, todos los demás son el intento fallido de solucionar lo mismo con la fórmula de siempre. Lo peor es que muchos creen que no hay otras opciones. Por eso tú debes dejarte ver, porque tú eres esa otra forma de vivir, de hacer las cosas. Tú eres el as bajo la manga que puede salvar al mundo de la confusión, del círculo infinito que recorre sin cesar y que requiere de una chispa que lo haga cortocircuitar. Tú eres esa chispa; enciéndete pronto, que la oscuridad reclama tu luz.

Vencer la invisibilización.

Entonces, tu tercera razón para contar tu historia es romper el círculo. Te explico: en épocas anteriores a la existencia del Internet 2.0, es decir, cuando imperaba la Web 1.0, el usuario solo podía oír, ver o leer información, pero no podía crear contenidos. Es decir, no podía producir piezas audiovisuales en las que dejara expuesta su posición ante la vida. Hoy en día, la tecnología permite a cualquiera que entienda de narrativa, imagen, sonido y de posproducción, crear su propio contenido, subirlo a la red y fijar su postura sobre los temas que le interesan. Esto es revolucionario, porque ya no se trata del desahogo que se practica conversando con un amigo; se trata de hacer llegar tus ideas a públicos gigantescos. De esta forma vences el sistema de invisibilización, ese que impone moldes en los que tú no encajas, obligándote a desaparecer; moldes de los que te escapas cuando cuentas tu cuento y te conviertes en la opción que prueba que existen personas diferentes, que viven siendo como se les da la gana.

Sacudirse la dictadura tecnológica.

Una cuarta razón para contar tu historia y hacer tambalear los cimientos del mundo a cuadritos —por no decir cuadriculado— es el de sacudirte de la dictadura tecnológica. Pensarás que es paradójico que lo diga aquí, precisamente ahora que estamos defendiendo la libertad generada por la revolución digital para comunicar ideas de forma masiva. Pero sí, porque existe un yugo, y si este no es controlado por la tecnología, está supeditado a las necesidades del mercado. Ese mercado que te dice que debes comprar lo último de lo último sin importar el precio que tengas que pagar. Al día de hoy, con el siglo XXI instaurado y galopante, un teléfono celular de gama media da una excelente imagen de alta definición o de resolución 4K, y te ofrece facilidades para conectar un manos libres de cable que permite hacer grabaciones de ti mismo hablando, en plano medio y sin sacrificar la calidad. ¿Qué sabes cómo y tienes con qué ir a más? Pues hazlo, pero que sepas que no es imprescindible. A la distancia de tu mano tienes la clave para producir y contar al mundo la historia que les justificará despertar todos los días por la mañana.

El video como el lenguaje del sueño.

Ahora bien, si estamos de acuerdo en que es importante contar tu historia, resolvamos en quinto lugar el siguiente interrogante: ¿Por qué contar tu historia usando el video? Lo primero es que contar tu historia escribiendo es tan poderoso como hacerlo con cualquier otra técnica; la cuestión es que el video habla el lenguaje del pensamiento, el mismo lenguaje de los sueños, y eso le da una fuerza casi insuperable. Para llegar a producir un buen video, es probable que se deba escribir antes, y si se hace redactando con calidad, es todavía mejor. Si el internauta quiere solo escuchar, porque debe concentrarse en lavar los platos, pero también quiere oír lo que tienes para decir, simplemente oye y no mira la pantalla. Ahora, esto que te voy a decir es un añadido, pero es cierto: cuando haces video para redes y cuentas con un canal o canales en distintas plataformas, es como si estuvieras haciendo televisión, con la particularidad de que no necesitas ser millonario para hacerlo. Como no dependes de grandes presupuestos, eres libre para ser tú, sabiendo que tienes algo muy bueno para contar; es decir, que tienes un buen cuento por contar. Si no lo haces, es como si no existieras, como si no fueras capaz de romper los círculos que te encierran y que te atrapan, y estarás condenando a la soledad a quienes viven lo mismo que tú pero no saben cómo manifestarlo. Si no relatas tu historia, te relegas al rincón más oscuro de la habitación al que van los castigados por ser los malos. Y tú no eres el malo: simplemente eres diferente. ¿Entonces, qué esperas para contar tu historia?